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Los gladiadores romanos de Los Torrejones se sublevan en Cartago Nova (2-2)
David Castillo   |   21 de Diciembre de 2019  -  23:03:43
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El emperador Adriano puede sentirse muy orgulloso. Los gladiadores de la villa romana de Los Torrejones, aupados por una infantería de más de 700 aficionados en el anfiteatro cartaginés, rozaron la gloria en un partido que quedará grabado en el recuerdo colectivo yeclano.

Las tropas del emperador Sandroni se desmelenaron, valientes y audaces, ante todo un líder candidatable fijo al ascenso, y empataron con honor un partido que pudieron perder con decoro y vencer con nobleza. Los de la capital de la provincia romana se las prometían felices. A los dos minutos, lograban marcar el primero en una falta de Verza con tanta facilidad que ya pensaban que lo tenían hecho, algo así como si tuvieran que defender desde el faro de Navidad la entrada de un barquito velero con aldeanos de interior por la bahía de Cartago Nova.

Craso error. Ese barquito inocente sabía de todas las baterías de Costa de los albinegros, y que no iba a tener opción ni por Escombreras, ni por Cabo Tiñoso ni por El Portús ante el potencial en misiles y demás artillería de los trimilerarios. Las milicias de Pevijus II iban a llevar la batalla al campo de Cartagena, tras hacer eufóricos cumbre del Puerto de la Cadena después de ganarle a los “barrigas verdes”.

Una vez que la batalla dejó de ser marítima para trasladarse a la tierra del albero, los azulgranas armadas con sus dagas gladius, sus lanzas y sus arcos equilibraron el duelo y advirtieron a Marc Martínez en dos remates de Víctor Fenoll y de Carlos Selfa. Los cartagineses seguían mirando por encima del hombros conscientes de su superioridad, pero a la vez desconfiando de la compenetración de los aldeanos.

Y tanto fue así, que al filo del descanso y con merecimiento, el Yeclano hizo una de sus catapultas mortales en un disparo de Mario que golpeó el brazo de Héctor Camps para poner la igualada. Mientras que la increíble, majestuosa, grandiosa, elegantísima, ensordecedora, incansable, espléndida, generosa, admirable, eterna y feliz afición azulgrana saltaba de alegría cuál Liborio Ruiz descubriendo el busto del emperador Adriano, el graderío cartagenero mostraba hostilmente el dedo pulgar hacia abajo al colegiado por no haber anulado el tanto.

Ante la disciplina y orden de las filas azulgranas, Gustavo Munúa apostó entonces por buscar carreras de caballos a la contra para que, en velocidad, sus hombres marcaran diferencias con espacios. Pese al buen comienzo yeclano, en una brillante transición en profundidad para Jovanovic, éste se la dio a Elady para volver a darle ventaja a los líderes de la liga.

Pero todavía quedaba mucha, muchísima batalla. Y Panoramix Sandroni les dio ese garum a los suyos para hacer una segunda parte gloriosa, digna de ponerle a este equipo una escultura de mármol blanco en la puerta de La Constitución. El Yeclano Deportivo se vino arriba, zarandeó por momentos a uno de los candidatos a ascender y buscó justicia sin cesar. Tras cinco ocasiones de muchísimo mérito y un balón despejado bajo palos, en un saque de esquina botado olímpicamente por Rulo fue remachado por Fran Martínez en el segundo palo al fondo de la red.

El gol representaba la creencia en la grandeza del fútbol, ese deporte donde nada es imposible: la alegría del modesto sobre el pudiente, las raíces de la cruda rudeza de los labriegos frente al señorío marinero. Con el desconcierto local del golpe en la proa cartagenera, el Yeclano pudo incluso llevarse el encuentro en un gol anulado a Álex Vaquero, que si bien estaba en fuera de juego, la bola la había retrasado un defensor local, lo que obligó a los de la Curva Bar a cantar el maravilloso cántico “señor colegiado, usted se ha equivocado”.

Con la inercia de semejante plantel, el Cartagena intentó la victoria en el extenso descuento, pero el sabor a éxito esta noche debía ser para ese entrenador que vive, sufre y muere con su tropa, y no para el que abandona a los suyos en plena refriega.

Finaliza el año 19 de la nueva era. El año de la victoria. El año de la rebelión de este equipo modesto. El año que, por tres mil que pasen, siempre recordaremos.

Deseando que llegue el 5 de enero, servidor se despide gritando: ¡Ave Yeclano!
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